Medios de Comunicación

El fenómeno de la propaganda está unido a la historia de la guerra. Si la propaganda había sido un arma fundamental en la Gran Guerra, en la Guerra Civil, por su carácter ideológico, iba a jugar un papel más importante todavía.
La propaganda ha estado siempre presente, incluso ha sido uno de los elementos decisivos; ya que las palabras pueden tener la misma fuerza que las armas. Durante la Guerra la propaganda fue un instrumento importantísimo.
Durante la Guerra Civil, la organización de la propaganda en cada bando fue distinto:
A diferencia del bando republicano, cuando el bando franquista se consolida territorialmente en los primeros momentos, dispone de muchísimos, menos instrumentos para difundir su propaganda.
Las grandes ciudades habían permanecido leales a la República y, con ellas, los periódicos, el papel de prensa, las más potentes emisoras, los estudios y el material cinematográfico. Lentamente y con ayuda exterior italiana y alemana estas carencias iban a ser poco a poco subsanadas.
El Ejército, el clero y el nuevo partido surgido del decreto de unificación de 1937 iban a uniformar rígidamente la información y la propaganda en el lado faccioso, cuyo modelo propagandístico hay que buscarlo en la Italia mussoliniana y en la Alemania hitleriana pero sin el carisma de sus líderes y con un tinte clerical.
La Iglesia puso toda su organización al servicio de la propaganda de los facciosos. Aportando gran parte del contenido ideológico de lo que iba a ser el nuevo régimen y proporcionando a los generales rebeldes la justificación necesaria para su acción. Desde la pastoral colectiva de los obispos de julio de 1937, al púlpito de la última parroquia, la Iglesia española, con la sola excepción del clero vasco y algunos casos aislados, fue una voz permanente de la rebelión.

Los periódicos tradicionalmente de derechas siguieron funcionando sujetos a rígida censura. Surgieron otros nuevos, órganos del nuevo partido único (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), la mayor parte de ellos procedentes de la incautación de los periódicos que eran propiedad de sindicatos o de partidos de izquierda.
El Norte de Castilla de Valladolid, el ABC, en su edición sevillana, El Noticiero o el Heraldo de Aragón, La Gaceta del Norte de Bilbao, todos estos periódicos tenían una tendencia claramente conservadora y, mucho más que los nuevos periódicos falangistas, contribuirán a ampliar la influencia del régimen naciente. Por su parte, la Falange, todavía antes del decreto de unificación, controlaba desde su Jefatura de Prensa, diecisiete diarios y veintitrés semanarios.
Una de las realizaciones más importantes en el terreno de la propaganda del bando franquista fue la promulgación de la Ley de Prensa de 22 de abril de 1938, obra de Serrano Súñer que estaría vigente en España hasta 1966, a pesar de haber nacido con carácter provisional.
La radio jugó un papel muy importante en los primeros momentos del levantamiento militar. Desde Radio Las Palmas (EAJ-50), Radio Club Tenerife, Radio Tetuán o Radio Ceuta los sublevados proclamaron el estado de guerra.El episodio más interesante de la propaganda radiofónica en el bando franquista, e incluso de toda la guerra civil española, fueron las charlas radiofónicas del general Queipo de Llano desde Unión Radio Sevilla desde el 18 de julio de 1936 al 1 de febrero de 1938 en que, a instancias de Pedro Sainz Rodríguez, que al parecer se entrevistó con él en Sevilla.
La primeras películas documentales en el bando franquista fueron obra de los corresponsales extranjeros sobre todo de los italianos. En 1938, cuando todos los servicios de propaganda pasaron a depender del Ministerio de la Gobernación con Serrano Súñer, se creó un Departamento Nacional de Cinematografía dentro de la Dirección General de Propaganda dirigido por Augusto García Viñolas. A este departamento se debe el nacimiento del Noticiario español, precedente del No-Do, que entonces sólo produjo diecinueve números.
La zona que permaneció leal al gobierno legítimo contó desde el primer momento con una infraestructura muchísimo mayor para su propaganda en prensa, radio, cine, editoriales, etc. El Gobierno de Largo Caballero, en su remodelación del 4 de noviembre de 1936, creó un Ministerio de Propaganda a cuyo frente estuvo Carlos Esplá de Izquierda Republicana.
En toda la zona controlada por el Gobierno de la República la prensa escrita se transformó por completo. Los periódicos de la derecha o bien dejaron de publicarse, o bien lo hicieron por cuenta de partidos y organizaciones leales al Gobierno.
Hay que mencionar también la “prensa de trinchera”. Fueron numerosísimas la publicaciones de las distintas unidades militares, sobre todo en el bando republicano. Estos periódicos de guerra destinados al sostén de la moral de los combatientes, así como a su adoctrinamiento político e ideológico, contribuyeron también a las campañas de alfabetización que, a pesar de las enormes dificultades, se llevaron a cabo en los frentes de batalla17.
La organización más destacable fue Cultura Popular, comité creado en abril de 1936 que desarrolló durante la guerra las más diversas actividades en el frente y la retaguardia, sobre todo, la creación de bibliotecas en unidades del Ejército y en hospitales. Dentro del Ejército surgieron Hogares del Soldado, Clubs de Educación y Rincones de Cultura. Funcionaron también las llamadas Brigadas Volantes contra el Analfabetismo que llegaron a impartir clases a más de 300.000 personas. Naturalmente todo este enorme esfuerzo de difusión cultural tenía un fuerte contenido propagandístico.
El Gobierno Republicano disponía fuera de España de las representaciones diplomáticas regulares, cuyos servicios de prensa, además de servir comunicados a los distintos periódicos y agencias, editaron en muchos casos folletos de propaganda en varios idiomas.
Se organizó además una especie de agencia internacional de noticias a finales de 1937 que enviaba a España sus propios corresponsales. Tenía dos delegaciones. Una en París (“Agence Espagne”), dirigida por Otto Katz. Otra en Londres (“Spanish news Agency”), dirigida por Geoffrey Bing. Esta última envió a España a Arthur Koestler y a Willy Forrest.
La propaganda radiofónica tuvo una enorme importancia, Cuando comenzaron a llegar las noticias del levantamiento armado, el Ministerio de Gobernación comenzó a radiar una serie de notas cada media hora en las que resaltaba la normalidad de la situación,
Uno de los grandes logros propagandísticos en el bando leal fue el conocido “Altavoz del frente”.
Sus emisiones en las que alternaban charlas de distintos dirigentes con música revolucionaria o poemas cantados preparados “ad hoc” para estos programas, adquirieron justo renombre.

La propaganda cinematográfica tuvo también un papel destacado.
La película argumental de mayor alcance propagandístico que se produjo en la zona leal fue una iniciativa de la Subsecretaría de Propaganda. Nos referimos a Sierra de Teruel de André Malraux que sólo pudo terminar de montarse en París y fue estrenada en Francia poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
La propaganda cinematográfica fue por lo tanto considerada como un instrumento fundamental por los diferentes grupos que componían el bando republicano. Llegó a ser tan importante como la propaganda difundida a través de la prensa escrita, en particular fuera de España, donde la palabra y la imagen reemplazaron las armas, que tantas víctimas causaron durante la Guerra Civil.
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